Laura BaroliKinesiología · Piso pélvico

Tu suelo pélvico te habla · Capítulo 06

Entrenar sin apretar los dientes

«Atención, no tensión»

Andrea llegó frustrada: «Hace un año que hago los famosos ejercicios y estoy igual o peor». Le pedí que me mostrara. Tomó aire, lo trancó, apretó los glúteos, endureció la panza, frunció la frente y hasta la mandíbula. Todo su cuerpo hacía fuerza… menos el suelo pélvico, que apenas se movía. Nadie le había enseñado el gesto. Cuando lo encontró —fino, interno, casi invisible desde afuera— me dijo: «¿ESTO era? ¡Si no lo siento casi!». Exacto, Andrea. Eso era. A las pocas semanas, su esfuerzo de un año empezó a rendir.

El gesto correcto

El ejercicio básico del suelo pélvico es un gesto doble: cerrar y elevar. Como si retuvieras pis y un gas al mismo tiempo, y ese cierre lo llevaras suavemente hacia adentro y hacia arriba. Es un movimiento interno, delicado: si alguien te mira desde afuera, no debería notar nada. Imaginate que sostenés una uva con la vagina, sin aplastarla, y la subís despacio un piso.

Tan importante como lo que se mueve es lo que NO se mueve: los glúteos no se aprietan, los muslos no se juntan, la panza no se endurece como tabla, la cara no participa (¡soltá esa mandíbula!) y, sobre todo, se sigue respirando. Si para contraer necesitás trancar el aire, la contracción no está bien hecha todavía. Regla práctica: contraé mientras soltás el aire.

Los dos entrenamientos (y el tercero que nadie hace)

¿Series, repeticiones, cuántas veces por día? Esa receta es tuya y te la doy yo, porque depende de tu evaluación. Lo que sí te adelanto es el formato ganador: corto y todos los días le gana por paliza a largo y abandonado. Cinco-diez minutos diarios, bien hechos, mueven montañas.

Trucos de vestuario

Una palabra sobre los ejercicios «de moda» que quizás escuchaste nombrar (hipopresivos y compañía): algunos son herramientas valiosas, pero son técnica fina, con indicaciones y contraindicaciones precisas (embarazo e hipertensión, por ejemplo). No se aprenden por video. Si son para vos, los vamos a incorporar juntas, bien hechos.

Tu suelo pélvico dice

Prefiero cinco minutos todos los días que media hora una vez por semana. Soy músculo: aprendo por repetición, no por heroísmo. Y por favor… cuando me entrenes, soltá la mandíbula. Somos parientes lejanos, ella y yo: si ella aprieta, yo también.

Mito«Cuantas más repeticiones, más rápido mejoro.»
RealidadEl suelo pélvico también se sobreentrena y se agota. La dosis correcta —tuya, personal— rinde más que el exceso.
Mito«Aprieto fuerte glúteos y panza, algo debe llegar.»
RealidadLo que llega es presión y confusión. El gesto es interno y fino; todo lo demás, suelto.
Mito«Si no siento nada, no sirvo para esto.»
RealidadSi no sentís nada, tu conexión cerebro-periné está dormida, no rota. Despertarla es parte del tratamiento, y se logra.

Hacé esto hoy

  • Elegí tu ancla (mate, dientes, semáforo) y hacé ahí 5 contracciones suaves con su descanso completo.
  • Chequeo espía: mientras contraés, mirate en el espejo. ¿Cara tranquila, respiración fluida, hombros sueltos? Perfecto.

Para charlar en la consulta — anotá y traé

  • ¿Qué sentís al contraer? ¿Y al soltar? ¿Dónde exactamente?
  • ¿Qué ancla elegiste y cómo viene funcionando?
  • ¿Notaste diferencia entre las lentas y las rápidas? ¿Cuál te cuesta más?
Este capítulo es parte de Tu suelo pélvico te habla, el material educativo que acompaña los tratamientos del consultorio. Es información general: no reemplaza la consulta ni las indicaciones de tu profesional. Ante dolor, sangrado o síntomas nuevos, consultá primero.

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