Laura BaroliKinesiología · Piso pélvico

Tu suelo pélvico te habla · Capítulo 07

Cuando además duele

«El dolor no está en tu cabeza. Y no es para siempre»

El mensaje me llegó un lunes a las 8 de la mañana. Una sola palabra: «Pudimos». Era Vale, 34 años. Cuando la conocí llevaba años sin poder tener relaciones, sin poder usar un tampón, sin poder hacerse un estudio ginecológico. Todos le habían dicho lo mismo: «Relajate», «tomate un vino», «es psicológico». Lloró toda la primera consulta, de puro alivio, cuando le dije tres frases: esto tiene nombre, no es tu culpa y tiene tratamiento. El camino fue de a pasos: conocer, respirar, soltar, avanzar de a milímetros y sin dolor. Aquel lunes, esa única palabra en plural —ella y su pareja, ellos dos y nadie más— me contaba que la noche anterior, por primera vez, habían podido. Pudimos.

El círculo que se muerde la cola

El dolor pélvico y el dolor en las relaciones son muchísimo más frecuentes de lo que se habla, y casi siempre tienen componentes físicos concretos y tratables: músculos contracturados, tejidos sensibilizados, cicatrices, sequedad, nervios irritados. No es «todo psicológico». La cabeza participa, claro —como en cualquier dolor—, pero acompaña: no inventa.

Lo que sí hace el dolor repetido es enseñarle al cuerpo a defenderse. Funciona así: algo dolió → el cuerpo se pone en guardia → los músculos de la zona se cierran para protegerte → al cerrarse, el próximo intento duele más → más guardia, más cierre, más dolor. Ese círculo tiene nombre cuando el cierre es completo (vaginismo) y tiene una noticia buenísima: no estás fallada; tu cuerpo te está protegiendo con demasiado entusiasmo. Y lo que se aprendió por las malas, se desaprende por las buenas.

Cómo se corta el círculo

Una cosa más, para vos y para tu pareja si la tenés: la intimidad no es solo penetración. Durante el tratamiento no se suspende el placer ni el encuentro: se los reinventa sin la parte que hoy duele. La pareja que acompaña sin presionar es parte del tratamiento; la que presiona, parte del problema. Esta guía también es para que la lea.

Tu suelo pélvico dice

Cuando me duele y me obligás, aprendo a cerrarme más fuerte. Cuando me escuchás y vas a mi ritmo, me animo a abrir. Te prometo una cosa: si no me traicionás con dolor, yo te dejo de traicionar con miedo.

Mito«Un poco de dolor en las relaciones es normal (al principio, después de un parto, a cierta edad).»
RealidadEl dolor nunca es normal, a ninguna edad y en ninguna etapa. Frecuente sí; normal no. Siempre merece evaluación y casi siempre tiene solución.
Mito«Es psicológico: relajate y tomate un vino.»
RealidadHay causas físicas concretas: músculos, cicatrices, tejidos, sequedad. Se evalúan y se tratan. La copa de vino nunca curó una contractura.
Mito«Si me duele, mejor aguantar y que pase rápido.»
RealidadAguantar entrena el dolor. La salida es exactamente la contraria: nunca por encima del umbral, siempre progresando por debajo.

Hacé esto hoy

  • Esta semana, nada de «aguantar»: si algo duele, se frena y se anota.
  • Armá tu mapa: ¿cuándo aparece, cómo es exactamente (palabra precisa), qué lo alivia? Traelo a la consulta.

Para charlar en la consulta — anotá y traé

  • Tu mapa del dolor: cuándo, dónde, cómo, desde cuándo.
  • ¿Qué probaste hasta ahora y qué pasó?
  • ¿Qué te gustaría poder hacer dentro de tres meses? (Ponerle nombre a la meta es empezar a cumplirla.)
Este capítulo es parte de Tu suelo pélvico te habla, el material educativo que acompaña los tratamientos del consultorio. Es información general: no reemplaza la consulta ni las indicaciones de tu profesional. Ante dolor, sangrado o síntomas nuevos, consultá primero.

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