Laura BaroliKinesiología · Piso pélvico

Tu suelo pélvico te habla · Capítulo 08

«La bolita»: prolapso sin pánico

«Saberlo a tiempo es tu ventaja»

Mirta, 58, lo descubrió en la ducha: «Toqué algo que antes no estaba. Una bolita». Pasó el fin de semana entero convencida de dos cosas: que era gravísimo y que se terminaba su vida de abuela upa. Llegó el lunes con la decisión tomada de operarse «de lo que sea». Nos tomamos un té, casi literalmente, y le expliqué lo que vas a leer ahora. Hoy, tres años después, Mirta no pasó por ningún quirófano, entrena dos veces por semana, y upa a su nieto —que ya pesa como un perro mediano— soplando como una leona.

Qué es (y qué no es)

El prolapso es el descenso de uno o más órganos de la pelvis (vejiga, útero o recto) porque su sistema de sostén —esa hamaca de músculos y sus ligamentos— cedió terreno. La hamaca no se rompió: se venció, como un elástico que trabajó mucho tiempo con sobrecarga. Puede sentirse como peso o burbuja en la zona baja (sobre todo al final del día), como un bulto en la entrada de la vagina, o no sentirse en absoluto y aparecer en un control.

Primera noticia tranquilizadora: es frecuentísimo. Alrededor de la mitad de las mujeres mayores de 50 tiene algún grado, y la enorme mayoría ni se enteró. Segunda: hay grados, y los leves y moderados —que son la mayoría— se manejan muy bien sin cirugía. Tercera, y esta es la que le cambió la cara a Mirta: descubrirlo temprano no es una condena, es una ventaja. Significa que llegamos a tiempo para frenarlo y para que no te limite la vida.

El plan: sostener desde arriba y desde abajo

¿Vida normal con prolapso? Sí: se puede trabajar, viajar, entrenar, tener relaciones (si notás molestia, probá con una almohada bajo la cadera: la gravedad acomoda todo unos centímetros a tu favor) y upa a los nietos con técnica. De hecho, el sedentarismo por miedo empeora las cosas: el plan nunca es «no hagas», es «hacé así».

Tu suelo pélvico dice

No me caí: me vencí un poquito, de tanto sostener sin ayuda. No me enyeses a fuerza de miedo, que quieta me atrofio. Sacame el peso de encima (soplá), entrename de a poco y dame mis minutos de descanso patas arriba. Vas a ver cómo respondo.

Mito«Prolapso = cirugía urgente.»
RealidadLa gran mayoría de los prolapsos leves y moderados se maneja sin quirófano, con presiones ordenadas, entrenamiento, descarga y, si hace falta, pesario. La cirugía es el último escalón, con indicación precisa.
Mito«No vas a poder levantar peso nunca más.»
RealidadVas a poder cargar lo que tu vida necesite, con técnica: exhalando, con el objeto cerca del cuerpo y con un suelo pélvico entrenado. Prohibir de por vida es más cómodo que enseñar; acá enseñamos.
Mito«Si no me duele, no es nada.»
RealidadEl prolapso no suele doler; avisa con peso, bulto o molestias difusas. Por eso el control periódico importa aunque te sientas bien.

Hacé esto hoy

  • Regalate 5-10 minutos recostada con la pelvis en alto (dos almohadones bajo la cadera), respirando lento. Notá la diferencia al levantarte.
  • Detectá tu esfuerzo más repetido del día (¿upa? ¿bolsas? ¿macetas?) y hacelo hoy soplando.

Para charlar en la consulta — anotá y traé

  • ¿En qué momento del día sentís el peso o el bulto (mañana/tarde/después de qué actividad)?
  • ¿Cómo anda tu intestino? (En prolapso, es pregunta de oro.)
  • ¿Qué actividad tenés miedo de perder? La ponemos como meta, no como despedida.
Este capítulo es parte de Tu suelo pélvico te habla, el material educativo que acompaña los tratamientos del consultorio. Es información general: no reemplaza la consulta ni las indicaciones de tu profesional. Ante dolor, sangrado o síntomas nuevos, consultá primero.

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Cuando además duele

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